LIBRETO LITURGICO
MISA VOTIVA AL ESPÍRITU SANTO
Apertura del IV Capitulo General

ANTIFONA DE ENTRADA
(Rom 5, 5.)
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado.

Terminado el Canto o la Antífona de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, dice: 
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. 
℟. Amén.

La paz esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

ACTO PENITENCIAL

A continuación se hace el acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles, diciendo:
Hermanos, Al comenzar esta celebración eucarística, pidamos a Dios que nos conceda la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la reconciliación y se acrecentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos. 

Pausa de silencio.

todos dicen en común la fórmula de la confesión general: 
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.  
Y, golpeándose el pecho, dicen:
Por mi culpa, por mi culpa, por mí gran culpa. 
Luego, prosiguen:
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor. 

Sigue la absolución del sacerdote: 
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. 
℟. Amén.

SEÑOR, TEN PIEDAD

SEÑOR TEN PIEDAD
℟. SEÑOR TEN PIEDAD

CRISTO TEN PIEDAD
℟. CRISTO TEN PIEDAD

SEÑOR TEN PIEDAD
℟. SEÑOR TEN PIEDAD

ORACIÓN COLECTA

Terminado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice: 
Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante un breve espacio de tiempo. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta:  
Dios, que has instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos que animados por el mismo Espíritu, podamos discernir lo que es recto y gozar siempre de su consuelo. Por nuestro Señor Jesucristo.
℟. Amén. 

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA 
(Is 61, 1-3a. 6a. 8b-9)

Lectura del libro del profeta Isaías:

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido.
Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor, el día del desquite de nuestro Dios, para consolar a los afligidos, los afligidos de Sión; para cambiar su ceniza en corona, su traje de luto en perfume de fiesta, su abatimiento en cánticos.
Vosotros os llamareis «Sacerdotes del Señor», dirán de vosotros: «Ministros de nuestro Dios». Les daré su salario fielmente y haré con ellos un pacto perpetuo.
Su estirpe será célebre entre las naciones, y sus vástagos entre los pueblos.
Los que los vean reconocerán que son la estirpe que bendijo el Señor.

Palabra de Dios.
℟. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
(Salmo 116, 1. 2 (R.: Hch 1, 8))

℟. Seréis mis testigos hasta los confines del mundo.

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos. ℟.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. ℟.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

℟. ALELUYA ALELUYA 

Cuando venga el Espíritu de la verdad,
os guiará hasta la verdad plena
y os irá recordando todo lo que os he dicho.

℟. ALELUYA ALELUYA 

EVANGELIO
(Mt 16, 24-27)

El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

 Lectura del Santo Evangelio según san Mateo.
℟. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. 
Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrara. 
¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?
¿O que podrá dar para recobrarla? 
Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta».

Palabra del Señor.
℟. Gloria a ti, Señor Jesús.

Se hace la HOMILÍA

LITURGIA EUCARÍSTICA

Al comienzo de la liturgia eucarística se puede organizar una procesión de los fieles en la cual, con el pan y el vino, se pueden presentar dones para los pobres. 

Inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después el diácono, u otro ministro, inciensa al sacerdote y al pueblo.

Después, de pie en el centro del altar, de cara al pueblo, extendiendo y juntando las manos, dice:
Oren, hermanos, para que, trayendo al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.
℟. El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Luego el Sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas:  
Señor, te rogamos que santifiques estas ofrendas y purifiques nuestros corazones con la luz del Espíritu Santo. Por Jesucristo nuestro Señor.
℟. Amén. 

PREFACIO II ESPÍRITU SANTO
ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO EN LA IGLESIA

El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.
℟. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟. Es justo y necesario.

Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

En todo tiempo concedes lo que más conviene y gobiernas admirablemente a tu Iglesia.

En efecto, de tal modo la ayudas constantemente con la fuerza del Espíritu Santo que, con un corazón siempre dócil a tu voluntad, no desiste de suplicarte en la tribulación ni deja de darte gracias en sus alegrías, por Jesucristo, Señor nuestro.

Por eso, unidos a la multitud de los ángeles te alabamos gozosamente, diciendo:

SANTO

SANTO, SANTO, SANTO, ES EL SEÑOR DIOS DEL UNIVERSO. 
LLENOS ESTÁN EL CIELO Y LA TIERRA DE TU GLORIA.


HOSANNA EN EL CIELO.


BENDITO EL QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEÑOR.


HOSANNA EN EL CIELO.


PLEGARIA EUCARÍSTICA III

El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
CP:  
SANTO eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus crea turas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.

Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice: 
CC:
Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti,  

Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
de manera que se conviertan en el Cuerpo  la Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, Junta las manos. que nos mandó celebrar estos misterios. 

Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado,

Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: 
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.

Después prosigue: 
Del mismo modo, acabada la cena, 

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: 
tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA
POR USTEDES Y POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.

HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.

Luego dice: 
CP:
Éste es el Misterio de la fe. Cristo nos redimió.
℟. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice: 
CC:
Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo. 

Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu. 

C1: Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires, San Pedro Nolasco, santa María de Cervelló y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.

C2: Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa Benedictoal orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia. Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo. 

 A nuestros hermanos difuntos el y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria,  

Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, los eleva y dice:
CP o CC:
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. 
℟. Amén.

RITO DE COMUNIÓN

Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Antes de participar en el banquete de la Eucaristía, signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna, oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:

Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Solo el sacerdote, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
℟. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.  

Solo el sacerdote, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: «La paz os dejo, mi paz os doy», no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. 
Junta las manos. 
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟. Amén. 

El sacerdote, vuelto hacia el pueblo, extendiendo y juntando las manos, alidde: 
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
℟. Y con tu espíritu. 

Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade: 
Como hijos de Dios, intercambien ahora un signo de comunión fraterna.

CORDERO DE DIOS

CORDERO DE DIOS QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO, 
TEN PIEDAD DE NOSOTROS. 

CORDERO DE DIOS QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO, 
TEN PIEDAD DE NOSOTROS. 

CORDERO DE DIOS QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO
DANOS LA PAZ.

El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanar mi alma.

ANTIFONA DE COMUNIÓN
(Sal 67, 29).
Confirma, Señor, lo que has hecho entre nosotros, desde tu santo templo de Jerusalén.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Luego, de pie en el altar o en la sede, el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice:
Señor, te pedimos que la venida del Espíritu Santo purifique nuestros corazones y los penetre como fecundo rocío. Por Jesucristo nuestro Señor.
℟. Amén.

ORACIÓN POR EL IV CAPITULO GENERAL

Dios de amor y de misericordia,
que en Cristo tu Hijo nos has revelado el poder de la redención
y nos has hecho partícipes del don de la libertad,
te damos gracias por el carisma mercedario
que, suscitado por el Espíritu en San Pedro Nolasco,
sigue siendo hoy fuente de esperanza y camino de liberación.

Te pedimos que derrames sobre toda nuestra Orden de la Merced
la gracia de la renovación interior, para que nuestro IV Capítulo General sea un verdadero Pentecostés de comunióndonde el fuego de tu Espíritu purifique, ilumine y renueve nuestros corazones.

Haz, Señor, que este tiempo santo nos conduzca a descubrir de nuevo la belleza de nuestra vocación redentora, a escuchar con docilidad tu Palabra y a responder con generosidad al clamor de los nuevos cautivos del mundo. 

Que, movidos por tu Espíritu, sepamos reconstruir la confianza, restaurar la unidad
y proclamar con alegría el Evangelio de la esperanza, siendo signo vivo del amor liberador de Cristo en medio de los hermanos.

Virgen de la Merced,
Madre de los cautivos y Reina de la Misericordia,
guía con tu ternura maternal los trabajos del Capítulo;
haz que caminemos juntos en la verdad y la caridad,
para que la Orden entera resplandezca como casa de redención,
faro de esperanza y testimonio de la libertad de los hijos de Dios.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

RITO DE CONCLUSIÓN

BENDICIÓN SOLEMNE

Después tiene lugar la despedida, el celebrante extendiendo las manos, dice:  
El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre Hijo,  y Espíritu Santo .
℟. Amén.

Luego el diácono, o el mismo sacerdote, con las manos juntas, vuelto hacia el pueblo, dice:
Glorifiquen al Señor con su vida, pueden ir en paz.
℟. Demos gracias a Dios.

Después el sacerdote venera el altar con un beso, como al comienzo. Seguidamente, hecha una inclinación profunda con los ministros, se retira.